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dilluns, 18 de gener del 2010

Capítulo 10 - The road is a river

Estos últimos días han sido tan llenos que una sólo sacaba la libretita para apuntar frases bonitas o para añadir sitios, películas o libros a la lista de 'quéhaceres culturales'.
El último día en Salta no fue en la ciudad misma, sino en San Lorenzo, una reserva natural al estilo Indiana Jones versión latinoamericana - por la selva, me refiero -. Subimos hasta la cima y desde allí nos lanzamos a volar con un zip-line -!!!- (tirolina) de más de 200 metros de largo y a más de 100m de altitud. Me impresionó el hecho de sólo ver árboles... pero me encantó el no tener a nadie empujándome, bastaba la curiosidad de la experiencia [¡ver Capítulo 9!]. En la noche me junté en un hostal de un amigo donde se organizó una cena espontánea a ritmo de guitarras y nacionalidades diversas (aunque siempre ganan, en número, los brasileños o argentinos mismos que viajan dentro del país).

Ayer fue un día película Almodóvar. Como es bien sabido, no soy de las típicas que vive situaciones de película, pero lo de ayer fue de guión. De Salta viajé hasta Tucumán y, en la estación, me esperaban dos chicas espléndidas, una de ellas amiga de la taita. Adriana y Euge me trataron como si fuésemos amigas de toda la vida. Junto con otra chica más, Bárbara, fuimos al cerro de Tucumán porque el calor de la ciudad era insoportable. Allí estuvimos en un jardín de casa Almódovar, donde tomamos mate y comimos carne (tares que, por cierto, borré de la lista de lo no-hecho). Además de adentrarme de puntitas por la vida de cada una de ellas, conocí de cerca la vida argentina, y esto me encantó. Sin duda, tomar mate define su forma de ser. Más que la hierba del mate, es todo lo que la tradición conlleva lo que justifica perfectamente su cultura y su ritmo de vida.

Hoy he pasado medio día en Mendoza y medio día en el bus. El paisaje de Mendoza a Santiago es impresionante. El valle del Aconcagua es una zona ahora definitivamente añadida a la nombrada lista de sitios, porque es majestuoso y mágico a la vez., sobretodo al atardecer. Además, aunque pasarse tres horas para cruzar la frontera en el Paso de los Libertadores no es lo mejor del mundo, he podido seguir las elecciones a través de un televisor de la PDI (Policia de Investigaciones de Chile). Así, llegar a Santiago y encontrarme con autos tocando el claxon como si de un triunfo del Barça de tratara no ha sido un shock tan fuerte para mí. Piñera ha ganado a Frei con un 51'8%. En las calles se olía esta separación brutal entre derechas y socialistas que los resultados demuestran tan bien. Qué miedo.

Así terminan mis capítulos.
Aquí termina este pequeño reto que, meses atrás, sólo estaba escrito en una de dichas listas. La verdad es que siempre es un placer tachar lo hecho (y darse cuenta de que todavía queda tanto) pero una siempre se queda con el sentimiento del "por-qué-pasa-todo-tan-rápido" e intenta dejar que pase tiempo antes de tacharlo en la libreta; a ver si se le olvida (porqué no habrá escrito esta tarea en ningún sitio) y puede tener otra vez, en alguna lista, cuatro palabritas que digan: "Repte: viatjar sola a...".

dijous, 14 de gener del 2010

Capítulo 9- "Y él los empujó. Y volaron"

Es obvio que a uno tienen que empujarlo para lanzarse al paradójico vacío que, casualmente, siempre acaba estando más lleno de lo que parece. Y es obvio, también, que quien empuja, el sujeto, no tiene porqué ser una persona. En mi caso, quien empuja es un sentimiento que nace generalmente en las rodillas - no sé el porqué- y sube hasta el corazón y el cerebro (¡vaya!).
Hoy ha sido un día muy bonito, muy tranquilo y muy lindo. La verdad es que no dudaba de que Salta me iba a gustar, ni de que sería genial juntarme con Andi, un chico inglés que conocimos en San Pedro de Atacama, en el desierto chileno. Él viaja por Latinoamérica desde diciembre y, por casualidad, también estudia en Santiago durante este año estupendo.
Hemos recorrido la Salta turística: la plaza 9 de julio, las callecitas del alrededor, hemos visitado el museo de arte de montaña (donde había dos cuerpos conservados perfectamente de dos miños incas encontrados en las montañas, ¡alucinante!) y hemos subido al cerro San Bernardo con un funicular de cuento.
Salta es la capital de la provincia del mismo nombre, y es una de las ciudades, como dicen, más lindas de Argentina. Posee una variedad de construcciones coloniales que tienen, como marco de fondo, la cordillera de los Andes (ya la extrañaba, sinceramente). La ciudad se fundó en 1582 a manos de los españoles - cómo no - y ellos construyeron el Cabildo, la iglesia mayor y el convento. Típico típico. Pero, por lo que me ha parecido, Salta-la-linda puede considerarse bella por la armonía que produce la combinación de estos edificios tradicionales con el entorno natural.
La verdad es que me interesa siempre mucho más el entorno que las construcciones, así que para mañana hemos planeado una salida a San Lorenzo, una población serrana con montañas y valles de una verde que, seguro, va a ser impresionante.
Además de todo esto, hoy me he dado cuenta de los deberes que tengo que cumplir antes de cambiar de país, y es que desde que estoy en Argentina todavía no he comido la carne (experiencia que algunos describen como "única"), no he tomado mate con la bombilla, ni he bebido una especie de vodka típico de aquí (no consigo acordarme del nombre...). De hecho, considero que todo lo que no he hecho describe perfectamente el estilo de viaje que estoy llevando a cabo. Quizás me estoy convirtiendo en la típica mochilera sana con horarios típicos también de tercera edad, o quizás es que todo sean etapas. Sea lo que sea, la verdad es que no me preocupa para nada la lista de lo no-realizado. Por el momento, no voy a seguir - ni a creerme- la conocida "uno no se arrepienta de lo hecho, sino de lo no hecho" y voy a seguir, cómo no, con mis capítulos que, hasta ahora, me han empujado tanto que han conseguido hacerme volar. ¡Waw!

Capítulo 8- Earth laughs flowers

Salí de Buenos Aires en dirección a Puerto Iguazú, el pueblo cuna de las cataratas en la parte Argentina de éstas. Salí de la capital con ilusión para ver una de las maravillas naturales del mundo, pero no esperaba que todo fuese tan genial.
En Latinoamérica creen en la Pachamama, la madre tierra, que resulta ser la que alimenta, la que da frutos, la que crea la naturaleza, el mundo. Mi Pachamama particular (gràcies!) me reescribió una parte de un reportaje que se publicó en El Viajero, de El País, sobre las cataratas de Iguazú. La verdad es que una no se ve con la suficiente capacidad para transmitir con palabras lo que se vive y se siente al estar delante de las cataratas, así que voy a dejarlo en manos ajenas:
El mar en la tierra
Las cataratas del Iguazú son una maravilla telúrica y poética. Del lado argentino, el visitante se adentra hacia la rugiente caída del agua y sale transformado tras un bautismo de sonidos y selva (entrada)HAy que ir a las cataratas del Iguazú para sorprenderse, como fue allí su descubridor europeo, Alvar Núñez Cabeza de Vaca. Alvar era jerezano, y si en el siglo XVI ya los de Jerez hablaban como ahora, es posible que exclamara. ¡Ozú!Hay un mon umento a Alvar Núñez en la confluencia de los ríos que nutren las cataratas. Son tan poderosas que ahora son más que la política: coexisten en tres fronteras, Paraguay, Brasil, Argentina, pero son un país entero: el país de las cataratas.Los que van al lado brasileño verán una especie de parque temático que no se toca: las cataratas como una hermosa fotografía, o un cuadro de Turner, impresionante y exquisito. Sin embargo, los que las ven desde el lado argentino tienen la posibilidad de descubrir, físicamente, la emoción que debieron de sentir los primeros pobladores, Alvar y los que le siguieron. En plenitud, estas catarats que vemos en el lado argentino representan un monstruo espléndido, cuyo ruido ensordecedor es como el sonido del mar en la tierra. Como si un motor inolvidable y perenne estuviera sonando para despertar al dios de una belleza.
Además de la fuerza del agua, de la fuerza de la naturaleza que, aunque parezca silenciosa, no deja indiferente con su música, estos días en Iguazú han sido también bien llenos de alegría. Conocí a una chica de Navarra, Ana, que se ha lanzado a la aventura argentina por un mes y medio, y también a dos hermanos italianos (sempre que conec germans que viatjen penso en vosaltres, nenes!) super buena onda. Con ellos hicimos la visita a Brasil y a Argentina y lo pasamos rebien.
Estos días no dejo de acordarme de todo lo que me espera en Santiago, de todo lo que tengo ganas de hacer cuando llegue, y de todo lo que ya no estará también. De alguna forma, esto es porque me acerco ahora al segundo semestre en Chile y tengo bastante claro que quiero aprovechar muchísimo todo lo que aparezca.
He llegado en Salta hace unas horitas después de más de 24 horas de bus. ¡Qué locura!
Mañana voy a recorrer la conocida como 'Salta la linda', la que tanto encantó a Raca, quien escribió, un día cualquiera en la pared de su cocina: "Earth laughs flowers".